El cine español y el bolsillo del contribuyente, artículo de Dolores Payás

En el debate sobre la aplicación de la Ley de Cine -además de las propuestas de un lado y protestas del otro-, sería interesante que el contribuyente de a pie tuviera acceso a ejemplos concretos sobre lo que se está discutiendo. Al fin y al cabo, su dinero sirve para financiar una industria de la que, al menos idealmente, él es usuario y receptor último.

Los miembros de la profesión se lamentan del descrédito general que ésta sufre. Argumentan que los sectores automovilístico y agrícola están protegidos y nadie se queja. Muy cierto, pero los tomates y coches están en la calle. En cambio, si comparamos la cifra de películas subvencionadas anualmente con la cifra de películas difundidas los números no cuadran. ¿Dónde están esas obras que hemos contribuido a financiar y no vemos?

Vaya por delante que hay muchísimos productores honorables, profesionales magníficos. Pero también abundan los vividores que medran a costa del erario público y de los esforzados trabajadores de la industria. A estos productores de pacotilla les gusta navegar bajo el pomposo título de “independientes”, carta de nobleza que demasiado a menudo esconde una notoria falta de escrúpulos. Expondré un caso reciente. Su secuencia de acontecimientos, por extravagante que parezca, ilustra la realidad de bastantes películas españolas (…)

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Fractura, ágoras y peliculitas, artículo de Carlos Prieto

Es casi imposible encontrar a dos personas con la misma lista de películas favoritas del año; pero si se trata de elegir la mejor frase cinematográfica de 2009, la unanimidad es absoluta: “El cine español tiene ágoras y peliculitas”. Lo dijo Ignasi Guardans, director del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), el pasado 6 de octubre en el Festival de Sitges.

Se puede acusar a Guardans de muchas cosas, pero no de ser incapaz de resumir en sólo siete palabras la trifulca que ha traído de cabeza al cine español los últimos 365 días. Guardans verbalizó sin querer los peores temores de los directores independientes que, agrupados en el colectivo Cineastas contra la Orden, cargaron contra la nueva política cinematográfica, al considerar que amplía la brecha entre el cine de gran presupuesto y las producciones modestas. Su protesta ante Bruselas logró paralizar momentáneamente la controvertida Orden que desarrolla la Ley del Cine.

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La identidad del ‘spanish cinema’, artículo de Manuel J. Lombardo

Coinciden estos días en los medios de comunicación noticias contradictorias, o no tanto, sobre la salud y la identidad del cine español. Los así llamados Cineastas contra la Orden (entre ellos, algunos artífices de ese otro cine español minoritario y exigente con las formas como Javier Rebollo o Isaki Lacuesta), se rebelan contra la Ley del Cine de Guardans mientras que Bruselas la devuelve a casa por manifiestas contradicciones con la legislación europea. Se trata, dicen, de defender a las producciones pequeñas o medianas frente a una ley que parece apostar a caballo grande y ganador.

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Patinazo de cine, editorial de El País

El Estado ha de proteger tanto a una industria audiovisual solvente como al riesgo estético, dos apuestas que no son incompatibles. Es necesario dar amparo a la ambición artística, muy difícil de evaluar desde despachos administrativos, y empujar un tejido de producción potente, que no busque sobrevivir penosamente sólo al abrigo de subvenciones. En este contexto, la Administración penaliza a un sector audiovisual particularmente dinámico como es el de la televisión al no aceptar que la inversión en la producción de series españolas, que da empleo a los mismos artistas y artesanos que el cine, pueda cubrir toda la cuota de inversión audiovisual que les impone.

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Guardans (again), artículo de Juan Sardá

El debate de fondo. Al contrario que una parte importante de la sociedad española, en esta nueva guerra nadie discute la existencia de las subvenciones. Y quizá no estaría mal hacerlo. Lo que está sobre la mesa son dos concepciones muy distintas. La primera, la de Guardans, los productores de la FAPAE o Gerardo Herrero pasa por considerar el cine industria primero y producto cultural después. Para los Cineastas contra la Orden, se trata de una herejía. Al frente de la oposición, Javier Rebollo. Yo voy con Guardans.

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