Manifiesto

Cineastas, técnicos, críticos y profesores de cine hemos recibido con sorpresa el contenido del borrador de Orden Ministerial de desarrollo de la Ley de Cine. Esta Orden parece ajena al espíritu de esta ley aprobada en el Congreso de los Diputados. Sentimos que más bien parece una orden dictada por un Ministerio de Industria que por el Ministerio de Cultura.

Por primera vez, las ayudas del ICAA se concederán en función de si una película es cara o barata, no según su contenido o su interés para el público.

El borrador de Orden establece que, para obtener el mínimo de puntuación por el que se otorgan automáticamente subvenciones, será necesario que el productor invierta un mínimo de 2 millones de euros. Hablamos entonces de que el Estado premiará películas de 3 ó 4 millones de euros de presupuesto. Y nos preguntamos, ¿por qué necesita dinero quién ya puede obtenerlo con el éxito comercial? ¿Se concede dinero público a quien tiene capacidad de generar beneficios, al que está seguro de ser rentable?

El cine que este borrador de Orden pretende desterrar, ése que se hace con menos de dos millones de euros de inversión de un productor (a veces con muchísimo menos), es el cine hecho por pequeñas y medianas productoras, que emplea a gran cantidad de técnicos y que es un cine con valor añadido. Es el cine que está defendiendo la cultura española en docenas de festivales, el que se está exportando y vendiendo, el que se carga de prestigio cada año en el mundo entero, el que llena salas en festivales, universidades, museos, embajadas o sedes del Instituto Cervantes.

Repetimos que creemos que el borrador de Orden no se corresponde con el espíritu de la Ley de Cine, que defiende el cine español como cultura en su pluralidad de contenidos, valores y presupuestos. La Orden, por el contrario, es partidista, apoya solamente a los grandes, a aquel empresario que, al producir una película, pretende exclusivamente obtener rentabilidad económica. Recibe dinero quien ya lo tiene o quien está seguro de generarlo.

Ninguna industria se basa en un único tamaño ni en un único modelo de producto, desde los coches hasta los secadores de pelo. La salud de una cinematografía reside en los diferentes productos ofrecidos al espectador. Hasta el tan repetido modelo estadounidense cumple con esto. Y nadie, hasta ahora, ha podido demostrar en la historia del cine que una película de 10 millones de euros sea mejor que una de 1 millón. Si se pretende limitar el exceso de producciones, hay otros métodos para hacerlo… Paradójicamente, el Ministerio de Cultura parece tenerle miedo a la palabra cultura.

La Orden, además, sube el techo de espectadores necesario para recibir una subvención hasta una cifra desmesurada: 70.000. Al cine español medio no le queda otra forma de “puntuar” que la obtención de premios en festivales de prestigio. Porque, sorprendentemente, y esto nos parece gravísimo, lo que puntúa no es la participación en un festival, sino la obtención de galardones. Es decir, no basta con participar en la Quincena de Realizadores de Cannes, por ejemplo, sino que además hay que ganar un premio. Y aún así, siempre puntuará más una película de presupuesto elevado que la Palma de Oro, o un Oscar, por ejemplo.

Este nuevo y grave estado cosas tiene como consecuencia directa la eliminación de facto de alrededor de un sesenta por cien de la producciones anuales, que son de hecho las que producen un cine de diversidad cultural, de una mirada en gran medida diferente e innovadora. Además, puede generar la pérdida de empleo de una gran masa de trabajadores del cine y audiovisual, con el drama que ello supone.

Sentimos además que esta orden puede generar picaresca entre los poderosos. Puede ocurrir que la subvención se convierta en puro beneficio para una gran productora que realmente no necesitaba el dinero público para sacar adelante su producción. Este tipo de regulación fomenta además un tipo de concentración empresarial que conduce a prácticas monopolísticas.

En resumen, defendemos el derecho a crear un cine plural y vivo. Y protestamos por el contenido de una orden que aplaude a los grandes, a los ricos, a los que tienen mucho, a las empresas que, aparentemente, menos lo necesitan. Y esto refleja el momento social y económico que vivimos. Como decía la Biblia: “A quien más tiene, más se le dará y tendrá en abundancia, y al que tiene poco, aun aquello que tiene le será quitado” (Mateo, 13-12).

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